Cuando nuestra madre tenía 88 años y ante su estado de salud tan delicado, tuvimos que tomar la decisión de ingresarla en una residencia para la tercera edad.
Un año antes, habíamos intentado que una señora la cuidase y le hiciese compañía en su casa para que no tuviese que dejar todas las cosas que tanto quería. Durante los dos últimos años, lentamente había hecho un gran retroceso que ya no se podía parar.
Cuando ya no pudimos controlar la situación, nos decidimos. No sabíamos donde ir y alguien nos dió referencias de alguna residencia que fuimos a visitar. Era deprimente y angustiante la decisión. A mi hermana se le ocurrió, pasando con el coche por Vallvidrera, ir a ver una residencia de la cual le habían hablado muy bien. Parece ser que había sido un hotel donde se concentraban los jugadores del Barça antes de los partidos en los años 60.
Era el mes de mayo. La primera impresión fue muy buena. Un gran jardín rodeaba la casa. Agunos abuelitos y abuelitas estaban sentados alrededor de las mesitas, lleyendo, haciendo ganchillo o hablando entre ellos. Nos recibió la recepcionista, en aquel tiempo Maria Rosa, una persona muy competente, vital y sociable. Nos enseñó toda la planta noble: gran entrada, gran salón, comedor también muy grande al qe se llegaba desde un bar donde se sirve agua, cafe y poca cosa mas y donde había otras personas hablando. En el primer piso estaba la habitación que podría utilizar nuestra madre, que sería compartida con otra señora. Todo estaba muy limpio y ordenado y la diferencia con las anteriores residencias que habíamos visto era abismal.
A mamá le costó unos días acostumbrarse a la nueva situación. Desde el primer momento, el trato recibido y el interés por parte de todo el personal de la casa fue de una dulzura y paciencia modélica.
Durante estos casi dos años han pasado diversas personas, como Jesús, que se han dado generosamente al cuidado de los abuelos; enfermeros y enfermeras, cocineros, chicas y chicos que ayudan en todo aquello que no llegan a hacer por si solos los ancianos. Todo el personal es tan dedicado que hacen que te sientas tranquilo.
Queremos hacer especial mención de la Doctora Rocío, que es una profesional de altos conocimientos y que consiguió tener controlada la salud de nuestra madre para darle más calidad de vida. Anna, la joven directora que le da un aire alegre y estimulante a todo lo que se hace en la casa. Pilar, con su severidad tan tierna.... y no mencionamos a nadie más para no dejarnos alguno.
A todos ellos queremos darles las gracias por su dedicación, afecto, halagos, amistad y tantos momentos de apoyo que nos han brindado.
Muy agradecidas, las hijas de Fanny.
Rosa y Teresa
Av. Brillante, 49
14012 Córdoba
Tels. 957 275 512
957 275 533
Costa Daurada
Av. Catalunya, 18-20
08880 Cubelles
(Barcelona)
Tels. 938 951 371
938 950 695